martes, 5 de abril de 2011

La voz del Espantapájaros

Cruzando las fronteras de la razón en el corazón de la imaginación de un niño, un hombre de heno, trigo y maíz, con una gran cabelaza y sordida voz de ahuyama, espantaba las aves sueño del campo en que nació. No quería nacer, no quería crecer, pero nadie le preguntó, harto ya de sí mismo un día decidió marcharse de la tierra que lo creo, bajo la luz de la luna, deshabito el valle y poco a poco la soledad lo invadió, todos los campos bien cuidados estaban por espantapájaros que hasta su sombra cuidaban,  pero el nada sintió.  De repente un fuerte viento huracanado le aparta del camino de la nada, dejándole inconsciente y atolondrado.  “Es de paja, la mejor, papá, mamá, y ¿qué más le pondremos?, las mejores hojas de maiz, semillas de trigo y de arroz, heno del más resistente, con una estructura sólida de bambú. Hijo en nuestro campo hemos sido confiados para sembrar y tener la posibilidad de hoy poder alimentar a todo nuestro pueblo, así que éste espantapájaros tendrá la mejor cabelaza para ahuyentar la cizaña que traen los cuervos. En ese instante un niño de cabellos rizados y ojos despiertos trajo una gran cabelaza a la cual le diseño ojos, boca, nariz y hasta pestañas, pero oidos le faltó, y a papá muy feliz su diseño entregó, y a la medianoche un gran festín la gente del pueblo a su alrrededor celebró, por este buen augurio y propósito que se creó, un espantapájaros que alejara la cizaña de los campos de arroz y trigo sembrados hoy, campos unidos al estomago y corazón de cada aldeano que todo su esfuerzo han puesto para su conservación.” 
De pronto, el espantapájaros despertó atontado por las voces del arroz, el trigo y el heno dentro de su gran cabelaza. Al frente de sí había un perrito juguetón que se perseguía la cola una y otra vez, y una y otra vez, de repente, recordó la magia infundida de aquel niño que lo había creado sin oidos para que aprendiera lo más rápido a escuchar su corazón y poder así identificar a las aves cizañeras que como pestes sembraban semillas de inseguridad, miedos y tristezas en los campos de heno, trigo y arroz. 
El espantapájaros se detuvo un momento, sintió la brisa fresca a su alrededor, y sacándose una cizaña clavada como nudo en su garganta, por primera vez sintió y recordó que nunca había sido un don nadie, y que su corazón le llamaba ahora con dulce voz, para que volviera a la tierra en que nació. Y Así fue... sobre la estructura de bambú en la que siempre se había encontrado y enraizado a la tierra, el espantapájaros dió media vuelta y con una sonrisa el cantó, ya no con sordida voz, pues había aceptado su condición, el jamás había dejado a su tierra corazón. 
“Juliancito, juliancito te debo a tí mi corazón, hoy iran a visitarte las aves sueño, para que sigas creando con tu imaginación, a la voz de la esperanza”.                                
Fin
Escrito por: Julio Mario Cabarcas López

1 comentario:

Unknown dijo...

Buena reflexión. Este cuento nos lleva a :"cruzar las fronteras de la razón en el corazón de la imaginación" Así como esta escrito al empezar el cuento.